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La escucha psicoanalítica, la orientación terapéutica y el mindfulness combinados, resultan técnicas eficaces en la eliminación sintomática y facilitan la rápida evolución 

Trastorno de estrés postraumático. El paciente (48 años) solicita tratamiento psicológico a causa de un accidente automovilístico que le rompe la arteria carótida provocando 2 paros cardíacos. Hubo de ser sometido a distintas intervenciones, finalizando el episodio en un ACV que lo tuvo 15 días en coma inducido.

Se observaron como secuelas del trauma a ser tratado:

  • Pérdida de orientación espacial
  • Pérdida de memoria a corto plazo
  • Dificultades en el habla ( sometido a traqueotomía e intervención en la mandíbula)
  • Angustia recurrente
  • Pérdida de seguridad en sí mismo
  • Miedos varios

Malestar clínicamente significativo y deterioro en lo social, laboral y otras áreas importantes del funcionamiento.

Un trauma es la incapacidad de un sujeto para responder adecuadamente a la intensidad de un aflujo de estímulos demasiado excesivo para su psiquismo, producido por determinado acontecimiento experimentado. El bloqueo de la actividad motriz externa (imposibilidad de reaccionar) aumenta la posibilidad del estrés postraumático. La función del Yo es evitar estos estados traumáticos, tamizar y organizar la excitación recibida, descargándola motrizmente o ligándola a pensamientos y palabras.

Esto es posible debido a la capacidad del Yo para anticipar en su fantasía lo que va a ocurrir e ir preparándose para el futuro.

Los hechos que no pueden ser anticipados y que son experimentados de una manera violenta e intrusiva, originan grandes cantidades de excitación no controlada que las vuelven abrumadoras para el psiquismo. Esta excitación es excesiva en relación con la tolerancia del sujeto y su capacidad para controlarla y elaborarla psíquicamente.

El trastorno por estrés postraumático es generado por los efectos patógenos duraderos que este incidente traumático provoca en toda la organización psíquica. Las probabilidades que tiene un incidente de producir un TEPT se hallan directamente relacionadas con su carácter de improviso.

El principal síntoma es el bloqueo o disminución de las funciones del Yo y como consecuencia, todos los demás síntomas. Este bloqueo se explica por la concentración de toda la energía psíquica disponible por el psiquismo en una sola tarea: el intento de controlar la abrumadora excitación psíquica invasora. La urgencia de esta tarea hace que todas las demás funciones yoicas queden relegadas, la emergencia domina completamente al sujeto generando toda clase de mecanismos de defensa del Yo y de fenómenos regresivos.

Casi todos los síntomas del TEPT son producto del bloqueo de las funciones perceptivas del Yo: embotamiento psíquico, desorientación, amnesia total o parcial, dificultades para concentrarse, insomnio, irritabilidad y ansiedad.

 Cuanto más traumático es el acontecimiento, más probabilidades de que se origine el TEPT, y cuanto menor es la vulnerabilidad individual previa, más probabilidades de elaborarlo. Este paciente contaba con los recursos cognitivos y simbólicos necesarios para evolucionar favorablemente, de ahí que los objetivos del tratamiento se hayan dirigidos a disminuir los síntomas, prevenir complicaciones crónicas y rehabilitarlo ocupacional y socialmente.

Lorena Martin. 2016

Duelo y psicosis

“Lo que se produce entonces es algo de lo cual ya expliqué su parentesco con el mecanismo psicótico en tanto que es con su textura imaginaria, y solamente con ella, que el sujeto puede responder allí”. Lacan. El deseo y su interpretación. Clase 19.“Falofahía”

Existe una relación entre dos de los fenómenos psíquicos mas conmocionantes de la subjetividad, el duelo y el desencadenamiento de una psicosis. En ámbos casos se enfrenta el sujeto a la falta en el registro Simbólico, y si bien la fenomenología clínica de éste encuentro difiere en cada uno de los casos, es con lo Imaginario que el sujeto puede responder.

 La disolución imaginaria

 En la estructura psicótica, la forclusión del significante Nombre del Padre en lo Simbólico, produce el derrumbe del Imaginario del sujeto y la aparición del significante en lo Real. “Es la falta del Nombre del Padre en ese lugar la que por el agujero que abre en el significado inicia la cascada de los retoques del significante de donde procede el desastre creciente de lo Imaginario, hasta que se alcance el nivel en que significante y significado se estabilizan en la metáfora delirante[1]. De ésta manera describe la coyuntura dramática del desencadenamiento de una psicosis, instante en el cual el sujeto, debiendo metaforizar su posición subjetiva recurriendo a la significación fálica, responde en el Otro un puro y simple agujero. En la paranoia puede observarse clínicamente el momento fecundo en la experiencia enigmática, Jaspers la llamó vivencia de significación: “las vivencias primarias del delirio son análogas a este ver significaciones. La conciencia de la significación experimenta una transformación radical. El saber que se impone de inmediato es la vivencia primaria del delirio…este temple delirante general, sin determinados contenidos, tiene que ser por completo insoportable. Los enfermos sufren horriblemente y ya la adquisición de una representación determinada es como un alivio”[2]El momento de la experiencia enigmática es el correlato de la forclusión del significante Nombre del Padre

 Fenomenología del duelo

 Aquí el agujero se presenta en lo real de la experiencia del sujeto, es decir que el duelo es un mecanismo psíquico inverso al de la forclusión.La muerte de un ser esencial para el sujeto de duelo, esencial en cuanto le da consistencia al Imaginario por su función significante, constituye a este ser no solo en objeto de deseo, es decir, libidinalmente investido, sino ademas por su desaparición, se constituye en objeto en el deseo, en la medida en que el objeto libidinal, el objeto en el fantasma está fundamentalmente perdido. En este sentido el objeto, velado en la imagen del otro i(a), se hace presente en lo real, es decir, su absoluta inexistencia.

Ahora bien, ¿porque es tan doloroso un trabajo de duelo? Se puede intentar una respuesta comparando el duelo con la fenomenología de la psicosis. Así como la presentificación del agujero en lo Simbólico es por completo insoportable para el psicótico, para el neurótico, el agujero en lo real de su experiencia produce una vacilación fantasmática que desestabiliza los significantes en el Otro. En este agujero se proyecta ese significante faltante, esencial en la estructura del Otro, ese significante cuya ausencia vuelve al Otro impotente para dar la respuesta. Ese significante es el falo bajo el velo. El muerto se constituye entonces en un ser fálico que se presentifica sin velo, faltante, ocasionando la vacilación del fantasma que llama al Simbólico todo, es decir, a la comunidad, la cual mediante los ritos funerarios satisface la memoria del muerto.

¿Que quiere decir Lacan cuando afirma que el sujeto de duelo así como el psicótico desencadenado, responde a la presentificación de la falta en el Otro con el Imaginario?

  En el duelo, este agujero en lo real de la experiencia del sujeto es llenado con las imágenes del objeto por el que se hace el duelo  “Es porque ese significante… no puede articularse a nivel del Otro, que vienen, como en la psicosis —y es porque el duelo se  emparenta con la psicosis— a pulular en su lugar todas las imágenes por las cuales aparecen los fenómenos del duelo, y por las cuales los fenómenos de primer orden, aquellos por los cuales se manifiesta, no tal o cual locura particular, sino una de las locuras colectivas más esenciales de la comunidad humana como tal, es, a saber, lo que esta ahí puesto en primer plano…, el ghost, el fantasma, esta imagen que puede sorprender el alma de todos y cada uno”.[3]

 El trabajo de duelo se inicia con el imperativo del principio de realidad de volver a situarse en el Otro luego de haber sobreinvestido en serie todos los rasgos de la persona por la que se hace el duelo, hasta haber reducido el objeto a los significantes que lo representaban y que hacían a su consistencia. Desinvestido el objeto de su cobertura imaginaria i(a), cae sin ningún otro soporte narcisista y el trabajo de duelo finaliza.“Sabemos que el duelo por doloroso que pueda ser, expira de manera espontánea. Cuando acaba de renunciar a todo lo perdido, se ha devorado también a sí mismo y entonces nuestra libido queda de nuevo libre[4]

 En el duelo el sujeto no pierde como en la psicosis su punto de identificación, sino su posición simbólica en tanto ser hablante ante el Otro, es decir que se está de duelo por los objetos que cubrían la falta simbólica, que eran soporte de la castración en el sujeto, que regulaban su posición fantasmática y definían su lugar en el mundo.

 En el seminario X Lacan hace un nuevo aporte a la problemática del duelo. Dice que no solo se esta de duelo por el objeto, sino también por el objeto que uno fue para el Otro en la medida en que representaba su falta, y cuando la falta le vuelve al sujeto, éste se encuentra con su castración, con su falta en ser. El sujeto ha sido simbólicamente castrado, con lo cual la función del duelo no sería la sustitución del objeto, sino la transformación de la relación del sujeto con el objeto fantasmático. “Un duelo ofrece la ocasión para que una recomposición significante tenga lugar en la estructura”[5], significa convocar en el lugar de la pérdida algún ser fálico para poder sacrificarlo. Hubo duelo si se hizo efectivo el sacrificio del falo; el sujeto habrá perdido no solamente a alguien sino además un pequeño trozo de sí.

[1] Lacan. “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”

[2] Jaspers. “Psicopatología General”

[3] Lacan. ibid

[4] Freud. La Transitoriedad

[5] Guillermo Apolo. “La función del duelo es articulable con la función del padre”. www.kennedy.edu.a

 Lorena Martin. 2008